TRABAJAR POR QUE LAS PERSONAS NO SUFRAN LOS RIGORES DE LA CRISIS


Viernes 220509 – 12:23hrs.
 
TRABAJAR POR QUE LAS PERSONAS NO SUFRAN LOS RIGORES DE LA CRISIS
 

La segunda línea de trabajo para este año se refiere cómo impacta la crisis en las personas. En todos nuestros planes, en todas nuestras políticas, hemos puesto a la gente primero.

Esta visión denota el cambio de paradigma del que hablábamos. Si en los años ochenta la crisis se enfrentaba quitándoles el diez por ciento a los jubilados, hoy la crisis se enfrenta aumentando en un 25 por ciento la Pensión Básica Solidaria.

Al asumir la protección social como deber del Estado y como derecho de los ciudadanos, lo que hacemos es apartarnos de la lógica individualista y asistencialista, y entrar en una lógica de bienestar y democracia que el país nunca debió haber abandonado.

Lo que estamos haciendo ahora se ensambla con la mejor tradición progresista de la política chilena.

El Chile del Bicentenario cuenta con una red integral de políticas, servicios y programas que hacen efectivos los derechos sociales que reconocemos a los ciudadanos.

Esta red nos permite apoyar a los grupos más vulnerables, combatir discriminaciones, crear oportunidades para la clase media y reducir las desigualdades y, como siempre me han escuchado decir, desde la cuna hasta la vejez.

Pero aún tenemos mucho que trabajar en este sentido.

A contar de julio del año pasado, 585 mil chilenos reciben su Pensión Básica Solidaria, y otros 16 mil reciben un Aporte Previsional Solidario, de manera ordenada y sin trámite.

Según el calendario aprobado en la reforma, a partir de julio de este año, la cobertura del sistema de pensiones solidarias aumentará de un 40 a 45 por ciento, beneficiándose con ello 200 mil pensionados adicionales, y entregaremos aportes previsionales solidarios a toda pensión menor a 120 mil pesos.

Además, como ustedes saben muy bien, una preocupación que yo tenía era que las mujeres al pensionarse recibían pensiones más bajas que los hombres que habían realizado el mismo trabajo, por el mismo tiempo y por el mismo salario.

Decidimos, entonces, compensar esta diferencia haciéndonos cargo también de que la maternidad era también una responsabilidad de la sociedad. Así que a partir del 1 de julio, empezamos a incluir en los ahorros previsionales un bono por hijo a todas aquellas madres que cumplan con los requisitos contemplados en la ley. Este año proyectamos entregar los primeros 25 mil beneficios por este concepto a mujeres que jubilen a partir del 1 de julio.

Pero –como he estado diciendo en mi recorrido por el país–, a momentos extraordinarios, actitudes y conductas extraordinarias. Por eso creo que en momentos difíciles tenemos que hacer un esfuerzo especial.

Por eso, he decidido adelantar la transición de la Reforma Previsional. Así, en julio se hará lo que corresponde al segundo año, y en septiembre de 2009 incrementaremos la cobertura del Sistema de Pensiones Solidarias de 45 por ciento a 50 por ciento y aumentaremos la Pensión Máxima con Aporte Solidario de 120 mil a 150 mil pesos.

Porque, como se ha escuchado en estos días, nuestros adultos mayores no pueden esperar, hemos adelantando más de lo que estaba programado, el Sistema de Pensiones Solidarias, con lo cual el año 2009 vamos a incorporar no a 200 mil personas, sino a  350 mil nuevos beneficiarios, y el sistema de Pensiones Solidarias llegará entonces a más de 950 mil personas a partir del año 2009.

Y esto lo podemos hacer con mucha responsabilidad. Podemos poner en práctica medidas como ésta por la disciplina con que conducido las finanzas públicas. Lo he dicho y lo reitero: se trata de entregar beneficios permanentes, en que los ciudadanos puedan confiar.

El Estado que protege se manifiesta también en lo que hemos hecho en salas cuna, jardines infantiles y políticas de infancia.

¡Cien veces lo he dicho y cien veces más lo diré: la batalla más importante contra la desigualdad se libra en la primera infancia!

Al asumir mi gobierno, una de cada diez mujeres embarazadas en condiciones de vulnerabilidad era visitada en su domicilio por algún equipo de salud; hoy, ocho de cada diez recibe esa atención.

A marzo del año 2010, habremos construido tres mil 500 nuevas salas cunas públicas y gratuitas para los niños y madres que más lo necesitan, o sea, en cuatro años habremos quintuplicado el número de salas cuna públicas y gratuitas.

Con la atención del Chile Crece Contigo hemos llegado a todo el territorio, a los lugares más apartados. Hemos construido salas cunas en la ciudad, en el campo, en las universidades, en algunos liceos, en las cárceles. Hemos creado más de 30 salas cunas especiales para la población indígena, utilizando sus conceptos y métodos, de modo de preservar sus tradiciones. Hemos creado programas y salas de estimulación temprana en consultorios, bibliotecas infantiles y talleres familiares de crianza positiva.

A contar del primero de julio de este año, entregaremos a todos los niños y niñas recién nacidos en establecimientos de la red pública de salud, un ajuar que entregará mejores condiciones de protección y cuidado, y que de paso, aliviará la carga financiera de las familias ante la llegada de un nuevo miembro.

Por otra parte, el Chile Crece Contigo hoy día cubre al 40 por ciento de los niños y niñas de los hogares más vulnerables del país. En el Presupuesto 2010 aumentaremos la cobertura al 50 por ciento de aquellos hogares, en la perspectiva que al año 2011 llegue al 60 por ciento.

En definitiva: hemos hecho de la infancia una prioridad. Por eso hemos enviado un proyecto de ley, que avanza en el Congreso, para institucionalizar este programa y consolidarlo como una política permanente, independiente del gobierno de turno.

El Estado que protege tampoco puede estar ausente de la atención de salud. Nos hemos puesto una meta ambiciosa: asegurar atención de calidad, eficaz y oportuna para todos los chilenos.

Sólo en los últimos cuatro años, hemos invertido más de lo que se invirtió en toda la década anterior. Los chilenos comienzan a verlo. Hemos terminado doce proyectos hospitalarios durante este gobierno y doce más estarán operativos el próximo año. Otros siete proyectos hospitalarios comenzarán a ejecutar obras en los próximos meses. Entre ellos, voy a nombrar sólo algunas obras tan emblemáticas como el Hospital de Hanga Roa, Tocopilla y Puerto Montt.

El Plan AUGE a la fecha ha superado los siete millones de atenciones. A las 56 enfermedades que se encuentran incluidas desde el año 2007, se sumaron siete nuevas patologías como piloto en el sistema público y este año se añaden, en tal característica, dos más. Y prontamente enviaré al Congreso el proyecto de ley que aumentará a 80 las enfermedades con garantías explícitas.

En atención primaria, contamos con 31 nuevos consultorios entregados, más otros 59 que están en ejecución o licitación de obras. En total tendremos 90 consultorios construidos en el período 2006-2010 bajo la modalidad de salud familiar.

Aumentamos en más del 50 por ciento la cobertura de servicios de atención primaria de urgencia, tanto urbano y rural.

Hoy están funcionando 146 Centros Comunitarios de Salud Familiar, los famosos CECOF, que buscan acercar más la salud  a la gente, y otros 21 se encuentran en construcción, lo que implica que durante mi gobierno habremos construido un total de 167 CECOF a lo largo del país.

Un solo dato grafica el salto que hemos dado: 86 por ciento de las atenciones AUGE hoy se resuelven en la atención primaria.

Además, y esto es muy importante, porque ha sido un anhelo muy antiguo y difícil de lograr, hemos cumplido la promesa de instalar 17 unidades de atención primaria oftalmológica, las que para fines de este año serán 36. También hemos cumplido en un 91 por ciento la meta comprometida de nuevos especialistas. Ya sumamos más de mil 200 especialistas en proceso de formación.

Como ex Ministra de Salud, sé cuánto cuestan estos avances, sé de las dificultades, y puedo decir con propiedad que en cuatro años hemos ido cambiado la cara a la salud en el país.

Pero no me mal entiendan, no nos conformamos, por supuesto. El país tiene insuficiencias y limitaciones, incluso episodios de falta de rigor que son inaceptables, pero el progreso sanitario es significativo e innegable.

Este avance nos permite enfrentar una prueba de tanta magnitud como el virus de la influenza humana. Ha quedado demostrado en estos días que nuestro sistema de salud tiene capacidad de responder y enfrentar los grandes desafíos.

En tiempo récord desde que se conoció la alerta de la Organización Mundial de la Salud, se activaron todos los mecanismos de respuesta.

Se preparó al personal y a los establecimientos; se realizaron las coordinaciones con las clínicas privadas, centros de las fuerzas armadas y las universidades; se aprovisionaron 950 mil dosis de antivirales para garantizar tratamiento; se activaron mecanismos de alerta entre aeropuertos, puertos y pasos fronterizos terrestres, entre otras medidas.

Y qué vemos hoy, a pocos días de que se confirmaran los primeros casos en nuestro país.

Que la capacidad del sistema de salud pública chileno está a la altura del desafío. Que podemos asegurar una salud adecuada a nuestra población. Porque hemos trabajado bien no se justifican las voces alarmistas.

Los chilenos y chilenas pueden estar tranquilos: la influenza humana traspasó nuestras fronteras, pero estamos preparados para hacerle frente, reducir los riesgos y entregar tratamiento oportuno.

La vivienda y calidad de vida en la ciudad también han sido un objetivo de protección social para todos los chilenos.

Y vemos con satisfacción lo que hemos avanzado. El estándar de las viviendas, la calidad, el espacio, los barrios, hoy son incomparablemente superiores a lo que eran hace sólo tres años atrás.

Para ilustrar, un par de cifras: entre 1990 y 2005 se entregaron, en promedio, 93 mil soluciones habitacionales cada año. Durante los cuatro años de mi gobierno este promedio anual alcanzará 170 mil soluciones. De 223 mil familias vulnerables, hemos dado solución a más de 190 mil. Y el próximo año superaremos la meta.

Lograremos un anhelo de tantos. Mi gobierno construirá o dejará en plena construcción las viviendas necesarias para acabar el 2010 con todos los campamentos de Chile.

Hemos habilitado viviendas acondicionadas para adultos mayores; hemos construido viviendas especiales para pueblos indígenas. Hemos pavimentado más de mil cien kilómetros de calles y pasajes. El Plan Quiero Mi Barrio o los 200 Barrios se ha instalado como una realidad exitosa, que muestra aquello que tanto hemos promovido en mi gobierno: participación, vida en comunidad, sociedades más humanas.

Y en él participan entusiastamente muchas familias de clase media, que ven cómo se mejoran sus entornos y se fortalece el tejido social.

Hemos destinado otras políticas habitacionales a la clase media, como es la entrega más de 195 mil subsidios para viviendas para ella y la ampliación del subsidio a la vivienda de mil a dos mil UF. También hemos fortalecido un subsidio muy valorado por la gente: el subsidio para reparación y mejora del entorno, del cual ya hemos superado las 205 mil entregas, esto es el Programa de Protección del Patrimonio Familiar.

Pero no permitiremos que la actual coyuntura económica eche por tierra lo que a las familias chilenas les ha costado años conseguir. Por ello, durante los próximos doce meses entregaremos un seguro para todas las personas que hayan adquirido una vivienda de hasta dos mil UF con algún subsidio del Minvu y que tengan un crédito hipotecario.

Este seguro se hará cargo de pagar hasta cuatro meses de dividendo para quienes pierdan su trabajo y se mantengan desempleados por más de dos meses. Así, estas familias, aunque enfrenten la pérdida del trabajo, no tendrán que sumar la preocupación de atrasarse en sus dividendos.

Estoy cierta que nuestra Ministra se siente orgullosa de todo lo hecho. Tuvimos una visión urbana integradora y bajo esa visión y con la más férrea voluntad política, hemos cambiado para siempre la manera como se concibe la vivienda y el urbanismo en Chile.

Pero así como menciono avances indiscutidos en materia de ciudad, también voy a mencionar los contratiempos.

Todos saben a qué me refiero. No es ningún misterio.

El sistema de transportes que existía cuando asumí el gobierno era un mal sistema: contaminante, caótico, peligroso, cuya única proyección era el colapso vial y la saturación ambiental. Pero el necesario intento de reformarlo drásticamente falló debido a un mal diseño y una mala implementación. Y lo he dicho aquí, en este propio Congreso.

Esos días fueron días difíciles, créanme, y sobre todo difíciles para los santiaguinos. Y por ello fue muy explicable su malestar. No dudamos entonces en reconocer los errores ante el país, pero como siempre, no nos quedamos en las lamentaciones. Al Ministro de Transportes le tocó una tarea dura, pero la está sacando adelante. Los progresos están a la vista. Y vamos a cumplir el  compromiso de garantizar que el sistema de transportes de Santiago funcione eficientemente y entregue un buen servicio a la población.

Pero, aprovecho de mencionar el episodio del Transantiago, porque hizo evidente otro punto importante: que el transporte en las ciudades modernas requiere de un subsidio estatal. Porque se trata, antes que nada, de un servicio público, que podrá ser provisto por privados, pero que requiere apoyo del Estado para asegurar calidad suficiente y tarifas razonables.

Por ello que espero del Congreso la aprobación de la ley que establece un subsidio nacional para el transporte público en todo Chile. Porque es una ley que va en beneficio del medioambiente, de las ciudades, y que sin duda es tan anhelada en muchas regiones del país y por tantos estudiantes –en Magallanes se me acercaron unos chiquillos a hablarme– tanto escolares como universitarios, para que puedan bajar sus tarifas. Pero sobre todo, que significará un salto adelante en la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

Pero quiero agregar algo en materia de transportes.

No podemos permitir que por descuido, por imprudencia, por consumo de alcohol o drogas, siga muriendo tanta gente en accidentes de tránsito, especialmente jóvenes. Este es un tema que preocupa y que vamos abordar.

Y vamos a implementar diversas medidas; varias de ellas tienen su origen en iniciativas parlamentarias que vamos a respaldar. Apoyaremos la creación de un sistema de puntaje para las licencias de conducir, que permita sancionar drásticamente, pero por sobre todo, prevenir. Promoveremos un uso más estricto del cinturón de seguridad, extendiéndolo a los buses interurbanos, porque sabemos que eso puede salvar vidas. Perfeccionaremos el otorgamiento de licencias para conducir motocicletas. Y sobre todo, educaremos en prevención, cuidado y responsabilidad desde el colegio y exigiremos que los nuevos conductores aprueben un curso previo a la obtención de la licencia acerca de los riesgos del abuso de alcohol y drogas, mecanismo que en otros países ha permitido disminuir sustantivamente los accidentes de tráfico por uso de alcohol.

Con mucho orgullo podemos decir, también, que hoy el Estado protege a sus trabajadores y trabajadoras.

Hemos aprobado leyes de enorme significación, como la ley de subcontratación y la que equipara el sueldo base al sueldo mínimo. Leyes que apelan al sentido de justicia de una sociedad, de cómo construir prosperidad de la mano de los trabajadores.

Hace pocos días, las trabajadoras de casa particular pudieron por primera vez celebrar un 1º de Mayo en sus hogares, con sus familias, porque aseguramos el derecho de ellas a descansar en día feriado. Lo mismo hemos hecho con los trabajadores del comercio. Y –otro paso importante– es que este verano, por primera vez, las manipuladoras de alimentos que trabajan en jardines infantiles y escuelas tuvieron vacaciones pagadas, y un contrato continuado, porque antes en diciembre cerraban sus contratos y las recontrataban en marzo. Entonces, creo que eso también es algo muy importante.

En el día de ayer, y esto merece un gran aplauso, el Congreso aprobó el proyecto de brecha salarial, que va a promover algo muy sentido por todos y todas: que hombres y mujeres de nuestra patria por igual trabajo reciban igual salario.

Hemos avanzado como nunca en protección laboral. Logramos reforzar el seguro de cesantía, de manera de llegar a más trabajadores con mayores beneficios. Y qué importante será esto en un año de crisis internacional.

También logramos la aprobación de un instrumento que, con el tiempo, se va a transformar en piedra angular del sistema de protección social chileno: el subsidio al trabajo, que en esta etapa hemos iniciado como subsidio al trabajo juvenil. El siguiente paso de este instrumento será, en el futuro, su ampliación hacia otros grupos, como las mujeres.

Hemos dado marcha al mayor avance que haya existido en materia de justicia laboral en varias décadas. La nueva justicia laboral ya es una realidad en diez regiones del país; en agosto llegará a Santiago y en octubre cubrirá todo Chile.

¡Nadie, nadie, podrá pisotear impunemente los derechos de los trabajadores, porque habrá una judicatura eficiente y un procedimiento expedito para proteger esos derechos!

Más aún, aseguraremos que los trabajadores cuenten con asesoría legal especializada y profesional. Por eso, prontamente ingresaré al Congreso Nacional un proyecto de ley que crea un Servicio Público y Nacional de Asesoría Jurídica, el que brindará asesoría de calidad para los trabajadores, pero también para las familias que no cuentan con medios para procurárselas por sí mismos.

Y por supuesto, seguiremos promoviendo el diálogo entre empleadores y trabajadores. El acuerdo pro empleo ha mostrado que ese camino es fecundo y que puede ser la base para avanzar en trabajo digno y decente.

Sé que los sindicatos estarán conmigo en este esfuerzo. Como estarán también, y de manera entusiasta, en el Programa de Formación Sindical que comenzará sus funciones prontamente, y que nos permita en Chile tener mejores sindicatos y enriquecer la relación laboral.

Como puede apreciarse, hemos trabajado durante estos años por establecer una red de protección social.

Ahora, en plena crisis internacional, las chilenas y chilenos saben que cuentan con la ayuda efectiva de su país y de su Estado.

Ahora todos los sectores políticos respaldan la red de protección social, incluso quienes la criticaban hasta hace poco tiempo.

Pero lo que nos ha permitido tener hoy una red de protección social es el haberse atrevido a mantenerla como prioridad nacional, contra viento y marea.

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