EL BESTIARIO DE BARCELONA.


Sábado 260909 -20:08hrs
 
EL BESTIARIO DE BARCELONA.
 
El bestiario es un conjunto de figuras de animales, más o menos fantásticos, que participan en los desfiles festivos.

Cada una de estas imágenes populares tiene una simbología concreta que se ha ido
forjando con el tiempo. Su origen, sin embargo, es muy antiguo y responde a la necesidad del individuo de expresar los miedos o las aspiraciones, y relacionarse con lo sobrenatural.
Todas las culturas antiguas han utilizado representaciones de animales, ya sean reales o fantásticos, que participaban en comitivas. En Catalunya su presencia en desfiles se remonta al siglo VI; el bestiario de figuración está plenamente extendido en el siglo XII.
La Iglesia será quien adoptará definitivamente esta simbología animal, sobre todo desde el momento en que se institucionaliza la festividad del Corpus Christi en el siglo XIV. Las procesiones incorporarán las figuras de estos animales en las diferentes representaciones de las Sagradas Escrituras, mientras que, poco a poco, las representaciones de animales fantásticos, no asumibles por la doctrina imperante, se desterran rápidamente.
 
En Cataluña, el bestiario se incorpora a las representaciones de escenas bíblicas o vidas de santos, con una clara vocación doctrinal, didáctica y lúdica al mismo tiempo: los dragones serán la representación del diablo, y la tarasca, el monstruo que da miedo por antonomasia, el toro y la mula se integrarán al paso del nacimiento de Jesús, el león  y el águila representarán los evangelistas Marcos y Juan, respectivamente; la mula acompañará  a San Antonio …
Sin embargo, su significado no es cerrado y con el tiempo, cambiarán de simbología o participarán como simples comparsas de un hecho o de una historia que se quiere narrar.
De esta manera, las figuras del bestiario barcelonés que se integraron en los cortejos religiosos fueron, en muchos casos, los precedentes de otras figuras que más tarde
se utilizarían en otras poblaciones. A partir del siglo XVI, algunas de ellas ya actúan fuera de las representaciones y comparsas a las que se habían integrado, como el Águila, el León, la Mula, el Bou, la Víbria, el Drac y los Caballitos Algodoneros.
Por otro lado, su presencia pronto se hará habitual no sólo en las procesiones
sino también en las celebraciones civiles, en las grandes solemnidades y en recepciones de grandes personalidades. Estas figuras eran, pues, muy populares y era el Consejo de la Ciudad quien tenía la responsabilidad de mantenerlas. Por este motivo, en 1439 se creó la Casa de los Entremeses para acoger todas estas figuras del bestiario, salvo del Águila, que por su significación ciudadana tenía casa propia en la calle que recibía su nombre, hoy desaparecido.
Más tarde, ya en el siglo XVI, el Consejo de la Ciudad encomendó a las corporaciones gremiales representadas en el Consejo el mantenimiento, atuendo y portazgo de las carcasses que formaban parte de los cortejos. A partir de este reparto, se generó una
competencia entre los gremios para lograr que sus imágenes destacaran por
encima de las demás, lo que supuso un incremento de la popularidad de las figuras
del bestiario y grandes inversiones en el mantenimiento y atuendo.
Aunque después del Decreto de Nueva Planta se prohibió durante unos años la participación de los entremeses en las procesiones, no será hasta el año 1771 cuando se regula de qué manera deben participar los entremeses en las procesiones, con el objetivo de medir los excesos lúdicos de estas manifestaciones. El toque de muerte, pero, para el bestiario, será la prohibición de participar en los actos públicos según la Real Cédula dictada por rey Carlos III el año 1780.
A partir de este momento, el bestiario fue separado de la procesión del Corpus y,
y que desfilaba antes de que la comitiva religiosa, perdió el contenido protocolario y
religioso y se quedó sólo con el componente más festivo.
La falta de apoyo eclesiástico, el debilitamiento de las corporaciones gremiales y la falta de representatividad municipal comportaron, prácticamente, que cayera en desuso y desapareciera.
Llegado el siglo XX, no queda rastro de ninguna pieza del Bestiario Histórico de Barcelona, y habrá que esperar la restauración de la democracia y, en consecuencia, el reencuentro de las tradiciones, porque algunos barrios de la ciudad recuperen, con un carácter lúdico y pirotécnico, la figura del drac.El Proyecto de Recuperación de la Imaginería Festiva de Barcelona nace de la mano de Xavier Cordomí el año 1984, con el objetivo de recuperar todas las figuras del Bestiario Histórico por
parte de las Colles de Geganters de Ciutat Vella y del Distrito de Ciutat Vella. Se inician, así, los trabajos de construcción y recreación del Bestiario Histórico de Barcelona.
En 1987 aparece de nuevo el Dragón, en 1988 lo hace la Mulassa y, un año después, el Águila.
Para la festividad del Corpus del año 1993 reaparecen el León, el Bou y la Víbria, y la Tarasca lo hará por las fiestas de la Mercè del mismo año.
En 1994, reaparecen los Caballitos Algodoneros, a cargo del Esbart Catalán de
Danzantes.
El Bestiario completo se ofrecerá a la ciudad a través del Instituto de Cultura de Barcelona como patrimonio histórico y cultural, y se propondrá la participación de todas las figuras en los actos protocolarios y festivos, a través del Cortejo Popular de Barcelona, en el que participan, más del Bestiario, los Gigantes de la Ciudad, els Gegants del Pi, los Gigantes de Santa María del Mar y los Cabezudos Macers.
Cada una de las piezas de imaginería-salvo del Águila que ya tenía-se dotaron de una música y una coreografía que las individualiza. Además de su intervención individual, todas participan de forma conjunta en el Toque de Inicio a las Fiestas de la Mercè, composiciones interpretadas por los Ministrils del Camí Ral, una formación de cuarenta músicos con instrumentos tradicionales que se reúne expresamente para esta ocasió.De la misma manera que en el siglo xv la Casa de los Entremeses acogía las figuras del Bestiario de la ciudad, hoy Barcelona dispone de un nuevo espacio, ubicado en un edificio recuperat del número 2 de la plaza de las Beates que, con ese mismo nombre, acogerá las entidades que integran la Coordinadora de Colles de Gigantes y Bestiario de Ciutat Vella.
Este espacio nace como centro de producción cultural y servicio al ciudadano mediante la difusión, la investigación y la creación de cultura popular catalana de raíz tradicional, y tendrá en exposición permanente los elementos históricos e innovadores de la imaginería festiva de Barcelona.

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